Era un frío miércoles de Abril, clásico, estaba la mar de cansado. Sinceramente, estaba deprimidísimo. Me eché a la cama sin pensarlo, realmente no lo pensé tan solo sentí que caía, probablemente fue un desmayo o algún balazo en el estomago pero cualquiera que me hubiese visto caer hubiese dicho que me estaba haciendo el indio. De pronto pensé un rato en el desastre matrimonial y en Mollie, una chica que a pesar de tener nombre de caballo es lamentablemente muy fea. Me entraron ganas de llamarla pero no estaba en vena. La última vez que había salido con ella habíamos peleado, me da cien patadas. Entonces me decidí a descansar, pero sentí que no pude. De pronto estaba en Dinamarca comiendo serpientes con lenguas de elefante. Me pareció extrañísimo, sobre todo porque no parecía Dinamarca, aunque ya que lo pienso nunca he ido a Dinamarca. El punto es que se parecía mucho a mi cuarto. ¡Jo! Estaba en mi cuarto. Pero las lenguas de elefante y las serpientes no parecían estarlo. Por lo que decidí bailar un poco con mi perro. Es la mar de divertido cuando baila.
Pero hoy día parecía distinto, no era normal, tenía un parecido con Chubaka, el de la guerra de las galaxias. ¡Jo! Vaya que él si comía serpientes, se le notaba en la piel, que por cierto no se le veía por su gran cantidad de pelaje. De pronto me dijo algo, algo como “No dejes que el gato loco te espíe en la madrugada”. No estaba seguro si había dicho eso o en realidad quiso decir “¡Deja el alcohol cabrón!” Lo cierto es que no entendí ni el doble, el tío no hablaba muy bien el español, quizás por el hecho de que no era humano. Encendí un cigarrillo y de pronto aparecí en una reunión de madres, de esas que el gato ha mencionado anteriormente, no sirven para nada. Pero en fin, había gente que no conocía, y gente que conocía. A uno de ellos lo odiaba, estaba ahí el tío, haciéndose el indio el muy cabrón. Decidí golpearlo en la cara pero una amiga mía que apareció repentinamente me tomó del brazo y me dijo: “Hey Andrés, cuidado, hay sensores de humo.” No sabía porque lo había dicho, pero entonces sentí que explotaba una bomba atomica en mi cuerpo. Ese invento era el más genial, vaya que era divertido.
Me sentí deprimidisimo y decidí dedicarme a la orfebrería. Estaba la mar de estúpido, ya lo sé. Entonces, abrí los ojos y ahí estaba, el miércoles frío de Abril, tendido sobre el patio de la escuela. Pensé un momento acerca del calentamiento global. Aunque realmente no me importa, siempre pienso en el. Debe ser algo genial vivir el fin del mundo. Cuando repentinamente se me acercó un amigo. La cosa es que y me comentó una frase que resume toda la historia: “Tranquilo camarada, no hay elefantes en Dinamarca.” Acertadamente respondí: “No existe loco.”
Sueños impactantes ciertamente fantásticos- Andrés el "pez" Guillen
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